¿HAY QUE PREMIAR A LOS HIJOS?  

Muchos padres son reacios a dar una chuche, leer un cuento o permitir más tiempo de videoconsola cuando los hijos cumplen con sus responsabilidades. Pero… hay que premiar a los hijos.

La motivación es la predisposición de nuestros comportamientos para obtener aquello que deseamos y hay que desarrollarla.

Los niños desmotivados no parecen tener interés por nada, carecen de iniciativa, no terminan las tareas que se proponen y abandonan pronto. Por eso es tan importante que los padres premien sus actuaciones hasta que  actúen por motivaciones propias e internas.

Premiar = motivación externa que lleva al niño a lavarse los dientes, cumplir con la hora de estudio, recoger la habitación o permanecer sentado el tiempo que dura una cena. Al premiar a los hijos conseguimos que lleven a cabo conductas necesarias, saludables y adaptativas. Por ejemplo: cuando les decimos que se laven los dientes antes de dormir, no ven la necesidad y se niegan. Pero si viene acompañado de un premio lo harán: “mamá me leerá un cuento en la cama antes de dormir cuando me lave los dientes”.

Premiar desarrollará el hábito de lavarse los dientes. Con el tiempo, verá sus ventajas sin necesidad de motivación externa. Esto es, sin cuento.

 

 

Algunos padres se desesperan intentando convencer  los hijos de que estudien porque les facilitará un futuro prometedor, casi siempre sin ningún éxito y muchas discusiones. Ellos no ven las ventajas a largo plazo y necesitan que los premien para convertir el estudio en un hábito.  Ya más adelante, entenderán lo que sus padres intentan explicarles ahora.

No sólo los premios materiales son útiles, habrá que combinarlos con las alabanzas. Cuando encargamos una tarea al niño debemos generar interés por las cosas,  motivarle y darle ánimo: “Jorge por favor ayúdame a doblar estas camisetas que la última vez que lo hiciste despacito te quedaron genial”.

El proceso para que aprenda a motivarse sin que sus padres estén delante pasa por:

  • Animarle ante una nueva tarea y premiar el esfuerzo realizado, no el resultado: “Venga, ahora vas a ducharte tú solo y mientras yo voy haciendo tu cena preferida”.
  • También mientras realiza la tarea: “Te está saliendo muy bien, frota también las rodillas y ya has terminado”.
  • Y, por supuesto, cuando termina: “Eres un campeón: ya has aprendido a ducharte solo. Mañana vuelves a hacerlo tú”.

Aprovechemos el tiempo que compartimos con ellos para poner en práctica  y enseñarles a que generen sus propias motivaciones. De adultos, serán capaces de encontrar la motivación necesaria para conseguir sus objetivos sin que nadie les premie.

Un saludo